Me acabo de ver la película “Up in the air” (con George Clooney, Vera Farmiga y Anna Kendrick, del director de Juno, Thank You for Smoking y algunos capítulos de The Office).
Una película sobre un tipo que pasa 322 días al año viajando. Vive en hoteles de lujo, con membresías vip, trato especial, y demás beneficios. Y el tipo encima es George Clooney. Con eso me bastaba para verla. Y ni siquiera que traduzcan el título como “Amor sin escalas” pudo detenerme.
Clooney viaja por el mundo por cuestiones de trabajo (trabaja despidiendo gente) y por eso no es de aquí ni de allá. No es de ningún lado. Lleva poco equipaje, pocas cargas y compromisos… “Viaja ligero“, digamos.
La trama lo va llevando a reveer ese asunto y analizar si realmente es el estilo de vida que eligió y que quiere mantener. Reveer si no estará viajando demasiado ligero, y si no estará perdiendo el sentido de la vida con ese pensamiento.
Las relaciones de hoy
“La vida es mejor en compañía“, decía la película por algún lado. Y yo pensaba en la importancia que le damos a las relaciones hoy. A lo humano. Teniendo en la tecnología tantas facilidades para comunicarnos y mejorarlas, si realmente estamos haciéndolo. Si no estaremos tan acostumbrados a estar comunicados que no valoramos la comunicación, o los vínculos.
En éstos días estuve sin celular y sin internet por algunas cuestiones, y tener que hacer un esfuerzo mayor que el común para comunicarme con amigos y seres queridos me hizo repensar también en eso. Me hizo valorar más el vínculo y hasta las herramientas que me lo facilitan.
Los objetivos personales
Up in the air me hizo pensar también en mis prioridades y objetivos. No pongo ejemplos para no contar nada de la película, pero me preguntaba por qué sueño lo que sueño. Por qué tengo los objetivos que tengo, y si realmente serán todo lo que soñé una vez cumplidos.
Redefinir por qué estoy yendo para el lado que voy, por qué hago algunas cosas a las que me acostumbré, y con qué y quiénes estoy recorriendo el camino. Parar la pelota a pensar a dónde quiero llegar, cuál es el mejor camino, y si estoy llevando el equipaje ideal o no.
Además, en el camino me enamoré de Natalie (Anna Kendrick), me emocioné, me reí (es más drama reflexiva que comedia), y me enternecí con algunas cosas.
Pero lo que más rescato de “Up in the air” es eso: hace reflexionar sobre las bases. El sentido de la vida, las decisiones, las relaciones humanas, las prioridades, los sueños… Y encima lo hace con metáfora viajera: repensamos el destino, el tipo de viaje, la compañía (el copiloto), y demás.
Así que por si alguno todavía no la vio, yo la recomiendo mucho. Es para verla no sólo como una película muy bien pensada y actuada (que lo es), sino también como un ejercicio de autoevaluación, de reflexión, o hasta de redefinición.